La senadora Carolina Viggiano protagonizó un bochornoso espectáculo en el Senado de la República al perder por completo el control de sí y encarar con furia desmedida a la legisladora hidalguense Simey Olvera. Sin el menor recato ni compostura institucional, Viggiano invadió el espacio ajeno para presuntamente soltar amenazas e intimidaciones que dejaron en evidencia su visceral estilo de hacer política.
Después del debate en Tribuna, Viggiano fue a encarar a la senadora Simey, y en lugar de sostener debates con argumentos, la senadora prefirió acudir hasta la curul de su paisana para descargar su frustración con señalamientos retadores, pues no soportó que en su cara le dijeran que está acabando con el PRI por su nepotismo para acumular y controlar el poder.
El penoso incidente rebasó cualquier límite del decoro parlamentario, transformando el pleno en una auténtica arena de vecindario donde la madurez brilló por su ausencia; pero no fue casual, lo mismo hace su marido Rubén Moreira, convertir a los recintos legislativos en ring de luchadores.
Este exabrupto confirma que Viggiano carece de temple ante la tensión política, optando por el amedrentamiento directo antes que el diálogo. Una conducta deplorable que deshonra su representación popular.
Post Views: 163
